Para los estudiosos de la administración, particularmente la Administración Pública, el Instituto Nueva Escuela provoca interrogantes interesantes. No es que de alguna forma dudemos de su efectividad, ya que los resultados están ahí, claramente evidenciados. Es lo contrario precisamente; es el asombro de cómo una iniciativa que atenta contra el orden establecido en la agencia más politizada del Gobierno de Puerto Rico, no solo ha podido subsistir, sino que poco a poco ha ido aumentando su huella en el sistema.

Hace unos días, mientras visité la escuela pública Manuel Elzaburru y Vizcarrondo, localizada en San Juan, tuve la oportunidad de escuchar a Ana María García Blanco -fundadora y su mejor defensora- explicar apasionadamente el impacto de esta en la comunidad, y el desarrollo progresivo de la iniciativa dentro del sistema público de enseñanza. Es que desde sus comienzos en el Barrio Juan Domingo de Guaynabo hace 25 años al día de hoy, donde ya han impactado 52 escuelas en 29 municipios, va un largo trecho.

Mi reacción de sorpresa crecía con cada detalle que Ana María compartía con nosotros. Nos habló de cómo se integraba a la enseñanza no solo a los padres sino también a toda la comunidad. También nos habló con orgullo del éxito medible evidenciado por el 0% de deserción escolar, incidentes de drogas o de violencia en los planteles; y, por si fuera poco, el que 90% de los egresados de escuelas como la de Juan Domingo, completan algún grado universitario. Todo esto en comunidades donde el 75% de las familias viven bajo los niveles de pobreza.

Tamaña hazaña esta.

Hazaña, no tan solo por su impacto en los estudiantes, sus padres y su comunidad, sino más aún porque se dio en un “hábitat” que desde sus inicios lo vio como una amenaza al sistema. Amenaza, porque cada escuela rescatada del sistema es una menos en el gran botín de la política partidista, que ve en muchos casos en cada escuela, plazas directivas para repartir y no semilleros de progreso y esperanza.

Es que allí, al principio de forma desapercibida y luego de forma más llamativa, el monstruo engendró su opuesto, su antítesis desde sus propias entrañas; a pesar de poner todos los anticuerpos a la caza del invasor. Evidencia clara de lo que los estudiosos de la física llaman, la antimateria, antítesis de esa misma materia donde residen, integrada de partículas con carga eléctrica opuesta. Es decir, la convivencia de opuestos.

Evidencia clara, de lo que a primera vista puede parecer contradictorio; que la politización y la incompetencia a grado mayor pueden provocar una reacción explosiva, que provoque el caldo de cultivo para el nacimiento del germen de la despolitización y la competencia.

Confronté a la fundadora con mi interrogante: ¿cómo fue esto posible dentro del Departamento de Educación, teniendo a todo el sistema en contra y atentando contra la iniciativa?

Su sonrisa me lo dijo todo, y entre líneas capturé claramente el mensaje. Es que, lo mejor de la incompetencia y la mediocridad gubernamental, es que padecen del mal de la falta de eficiencia, eficacia y capacidad de ejecución. Es decir, que ella se aprovechó de los vacíos de poder, de la ausencia de seguimiento y de la incapacidad de ejecutar una agenda en contra de esta iniciativa, para hacer lo correcto, aunque esto no siguiera al pie de la letra las reglas de la oficialidad.

Claro está, esta iniciativa no es perfecta, pero sus resultados son un rayo de esperanza ante un sistema que no funciona. El lograr que esta llegara desde una iniciativa aislada en el Barrio Juan Domingo a escalar a toda una Secretaría Auxiliar dentro del Departamento de Educación, en tan solo dos décadas, es otra hazaña digna de resaltar.

Ahora bien, no deja de provocar escalofríos el pensar que la cercanía al oficialismo y a las estructuras tradicionales provoque en algún momento que esta iniciativa comience a corroerse con el moho de la incompetencia y la politiquería. Sus directivos, padres, estudiantes actuales y egresados al igual que las comunidades tienen que mantenerse alertas ante un sistema que sigue viendo esta iniciativa con recelo y a reojo.

Voy más allá, todos debemos estar alertas para velar y defender las iniciativas que funcionan; particularmente las que tienen que ver con la educación de nuestros niños. Esto es así, ya que no todos los días, de las entrañas de un monstruo le nace un enemigo.